lunes, 5 de diciembre de 2011

La luna que llena el alma.

La noche llega fresca y serena. La playa se vuelve solitaria y la arena va perdiendo temperatura luego de un día de sol abrasador. El mar, cansado de bombear olas durante todo el día para que los surfistas las deslicen y los  bañistas se zambullan en ellas, va convirtiéndose, nueva y lentamente, en un espejo de agua calma, casi inmóvil. Solo se escuchan los sonidos de algunas gaviotas, el chapoteo de algunos peces que saltan y el tenue quiebre de las olitas sobre la orilla. Todo va preparándose para que aparezca ella una vez más, radiante y triunfal, en medio de un cielo brillante de estrellas. El ambiente comienza gradualmente a enmudecer, como si supiese que el espectáculo esta por comenzar.Y finalmente llega, asomando su figura despacio y con mucho glamour, con un un color anaranjado que desborda elegancia. Es majestuosa e imponente. Solo su presencia puede generar tanta emoción y un impacto semejante. Va subiendo con firmeza y sin dudar, dejando una estela resplandeciente, la cual se refleja en ese océano que la contempla cautivado por su belleza. Quienes se acercan a la costa para apreciarla, se quedan en silencio y mudos observándola, hipnotizados y perplejos por semejante exhibición, dejando que sus retinas capten para siempre esa fotografía mágica, y que los oídos se deleiten con el susurro del aire marino que envuelve la cálida escena. Es ella señores. La invitada de lujo por excelencia una vez más. La luna, que sobre el mar, llena de felicidad y de paz el alma.

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