domingo, 4 de diciembre de 2011

El faro que ilumina mi esperanza.

Es un domingo especial. Después de viajar un año en  mi pequeño barco en la tranquilidad del océano azul, con ella, tierna y encantadora, nadando a mi lado vivamente, me encuentro de repente capeando la tormenta más grande a la que me he enfrentado hasta el momento. El cielo se vuelve oscuro y tenebroso. Los relámpagos destellan fulgurantes. El mar está embravecido y ella no está ya a mi lado. Su presencia, si bien era misteriosa, me llenaba de paz y guiaba mi ruta. Ahora, mi destino en estas aguas turbulentas es incierto. Las grandes olas mecen arriba y abajo, sin cesar, mi pequeña embarcación. La repentina noche, negra y amenazante, se desgarra por el bramido de la furia del oleaje. No tengo referencias de tierra firme. Solo tengo una pequeña linterna, que con su tenue foco me permite tímidamente visualizar mi mapa. Estoy solo. Completamente. Tengo miedo. Pasan las horas, y trato de mantener la calma. Estoy desesperado y pienso en esa dulce compañía que tenía mientras todo marchaba bien. De pronto,me parece ver un leve destello, el cual pasados cinco segundos, vuelve a repetirse. Mi angustia comienza a disminuir, y trato de observar la dirección de la luz. Logro dominar el bote y enderezarlo hacia ese resplandor. Siento que me iluminan y descubro la razón. Es un faro. Brota bondadoso y compasivo de esa terrible oscuridad. Agradezco a Dios el poder contemplar esos rayos intermitentes que salen de ese guardián marino. Atraco el barco al reparo de la tempestad, bajo el manto protector del coloso lumínico. He pasado una gran prueba. Mañana continuaré con mi viaje. Tengo nuevas energías y la esperanza de que vuelva a aparecer esa bella sirena. Solo Dios sabe si ella querrá acercarse nuevamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario