miércoles, 21 de diciembre de 2011
Almar a primera vista
Al verte por vez primera
me cautivaste con tu encanto
y mi cuerpo entero
se estremeció en un instante.
Con cada metida al alba
fui llenando mi corazón
de celeste y naranja,
y fundiendo emociones
con el azul de tu calma.
Tus delicadas pendientes,
muchas veces serenas
fueron pintando mi mente
y llenando de sal mis venas,
Y en las bravías sudestadas,
en esas metidas salvajes,
me fui transformando,
poco a poco y con traje,
en un jinete aguerrido
para domar el oleaje.
Al crecer me diste abrigo,
y me enseñaste a quererte,
ya que fuiste cobijo
en mis días más tristes.
Me ponía muy arisco
cuando no venían las olas,
pero al moverme del pico
aparecían raudas y solas.
Aprendí la paciencia,
y a disfrutar el momento
sabiendo que la onda
llega siempre a buen puerto.
El agua de tu cuerpo
que transita pura y viva,
me enseñó en silencio,
a energizarme en armonía
con su sabio movimiento.
Grandes recuerdos tengo
y grata enseñanza dejaste,
y un espíritu aventurero
en mi personalidad forjaste.
Gracias por iluminar mi camino
mar del alma querido,
porque al haberte conocido
le diste a mi vida sentido.
Pura vida y aloha para todos.
El surfero del amanacer.
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